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Algunas soluciones para calmar el estrés al volante

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Algunas soluciones para calmar el estrés al volante

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Son numerosas las situaciones que nos ponen de los nervios al conducir, pero hay medios para disfrutar de una conducción más relajada.
l estrés es ese compañero indeseable que está a nuestro lado cuando menos los necesitamos. Ya sabemos que es uno de los males de la sociedad actual, que aparece en el trabajo, en nuestras relaciones y, como no, en la conducción.
 
 
El propio hecho de manejar un automóvil ya supone una acción estresante en sí misma, porque exige ir en un estado de alerta constante, aunque en este caso no es algo del todo negativo, ya que esa tensión mínima es la que nos hace mantenernos despiertos y alerta ante cualquier eventualidad del tráfico. Pero lo preocupante es que hay situaciones que aparentemente deberíamos controlar y que se convierten en momentos de verdadero estrés, ya sea porque algo nos produce ansiedad, miedo o nerviosismo.
 
Es evidente que las causas que lo producen al volante varían mucho de una persona otra, pero he aquí algunas de las más comunes entre los conductores.
 
EL ATASCO
 
La elevada densidad del tráfico en las ciudades contribuye especialmente a aumentar el estrés al volante de las personas que conducen. El hecho de llegar tarde y no avanzar produce una frustración y un estado de nervios que puede derivar en comportamientos agresivos o impulsivos.
 
PENSAR EN EL ESTADO DE LA CONDUCCIÓN
 
A veces el cerebro es nuestro propio enemigo y nos puede poner más nerviosos el solo hecho de pensar que nos vamos a enfrentar un día más a otro embotellamiento asegurado. El exceso de información unido a la imaginación nos pueden jugar malas pasadas y hacernos sufrir por adelantado.
 
LA AUTOEXIGENCIA
 
En numerosas ocasiones somos nosotros mismos los que nos exigimos tanto nivel a la hora de conducir que nos provocamos grandes dosis de estrés sin que haya ningún otro elemento externo que lo produzca. Esa misma exigencia nos hace demandar un buen comportamiento a los demás, por lo que cualquier infracción alrededor nuestro nos produce agobio o estrés al volante y hace que nos comportemos casi como agentes del orden recriminando al resto de conductores lo que se nos antojan como malas acciones. Este es un rol que no debemos asumir si queremos evitar mayores conflictos.
 
EL APARCAMIENTO
 
El hecho de llevar varios minutos dando vueltas para encontrar sitio puede ser desesperante y provocar una subida de tensión a cualquiera. Pero también al encontrar un hueco y realizar la maniobra de aparcamiento podemos tener sensación de estrés, sobre todo cuando hay vehículos esperando a que terminemos la maniobra para pasar. Aquí, aunque seamos unos expertos en aparcar, seguro que se nos tuerce algo, calculamos mal y tardamos el doble. Es la Ley de Murphy.
 
EL RUIDO
 
Los ambientes bulliciosos o el ruido persistente y agudo nos pueden volver literalmente locos. Todos sabemos que no es lo mismo aguantar un atasco escuchando música o la radio, que escuchando el claxon de los vehículos de alrededor. Simplemente atronador.
 
LOS ADELANTAMIENTOS
 
Sobre todo en las carreteras secundarias donde sabemos que un mal adelantamiento o la escasa visibilidad puede jugarnos una mala pasada. En el caso de autopistas y autovías con dos o más carriles nos afecta el hecho de realizar un adelantamiento cuando tenemos al típico vehículo detrás cuyo conductor no respeta la distancia de seguridad y nos agobia con su innecesaria prisa. También en estás vías nos estresa no poder adelantar a un vehículo o camión porque hay demasiados coches haciéndolo y no encontramos nuestro hueco para hacerlo. Esta situación a veces provoca que nos lancemos a lo loco entre dos coches sin respetar el paso.
 
LA PRISA
 
En este caso nos podremos en la piel del conductor que tiene más prisa de la que puede tener realmente, apremia al resto pidiendo paso constantemente, los demás coches cada vez le molestan más y esto hace que su velocidad aumente en la misma proporción. La frustración de no conseguir lo que se propone hace que aumente su ritmo cardiaco de forma preocupante.
 
INCORPORACIONES Y ROTONDAS
 
Las incorporaciones después de un stop o en las rotondas nos provocan también cierto estrés, ya que si no hay demasiada visibilidad o si el tráfico es muy continuo, es posible que aparezcan los nervios al pensar si vamos a acertar o no con el momento justo para incorporarnos. Tanto el hecho de precipitarnos como el de no atrevernos a salir puede hacer que los otros vehículos de la vía nos increpen y crezca nuestro nerviosismo.
 
LAS VALLAS QUITAMIEDOS
 
Resulta curioso que un elemento de seguridad vial llamado ‘vallas quitamiedos’ genere en ocasiones más pavor que sensación de seguridad. Situadas junto a precipicios o puentes nos transmiten cierta confianza, pero cuando circulamos por autopistas o autovías y pasamos junto a otros vehículos nos provocan desasosiego, sobre todo si estos son camiones. Quizá nos parezca demasiado estrecho el espacio que queda, de hecho la velocidad aumenta el llamado efecto túnel, pero es fácil observar cómo algunos conductores circulan separándose de ellas e internándose demasiado en el carril de al lado con el consiguiente peligro.
 
CONDUCIR
 
Algunas soluciones para calmar el estrés al volante
Son numerosas las situaciones que nos ponen de los nervios al conducir, pero hay medios para disfrutar de una conducción más relajada.
 
MIGUEL ÁNGEL CORCOBADO 06 JUN 2016
 
 
 Estrés al volante
Hace falta bastante autocontrol para no acabar de los nervios cuando vamos al volante.
 
El estrés es ese compañero indeseable que está a nuestro lado cuando menos los necesitamos. Ya sabemos que es uno de los males de la sociedad actual, que aparece en el trabajo, en nuestras relaciones y, como no, en la conducción.
 
 
El propio hecho de manejar un automóvil ya supone una acción estresante en sí misma, porque exige ir en un estado de alerta constante, aunque en este caso no es algo del todo negativo, ya que esa tensión mínima es la que nos hace mantenernos despiertos y alerta ante cualquier eventualidad del tráfico. Pero lo preocupante es que hay situaciones que aparentemente deberíamos controlar y que se convierten en momentos de verdadero estrés, ya sea porque algo nos produce ansiedad, miedo o nerviosismo.
 
Es evidente que las causas que lo producen al volante varían mucho de una persona otra, pero he aquí algunas de las más comunes entre los conductores.
 
EL ATASCO
 
La elevada densidad del tráfico en las ciudades contribuye especialmente a aumentar el estrés al volante de las personas que conducen. El hecho de llegar tarde y no avanzar produce una frustración y un estado de nervios que puede derivar en comportamientos agresivos o impulsivos.
 
PENSAR EN EL ESTADO DE LA CONDUCCIÓN
 
A veces el cerebro es nuestro propio enemigo y nos puede poner más nerviosos el solo hecho de pensar que nos vamos a enfrentar un día más a otro embotellamiento asegurado. El exceso de información unido a la imaginación nos pueden jugar malas pasadas y hacernos sufrir por adelantado.
 
LA AUTOEXIGENCIA
 
En numerosas ocasiones somos nosotros mismos los que nos exigimos tanto nivel a la hora de conducir que nos provocamos grandes dosis de estrés sin que haya ningún otro elemento externo que lo produzca. Esa misma exigencia nos hace demandar un buen comportamiento a los demás, por lo que cualquier infracción alrededor nuestro nos produce agobio o estrés al volante y hace que nos comportemos casi como agentes del orden recriminando al resto de conductores lo que se nos antojan como malas acciones. Este es un rol que no debemos asumir si queremos evitar mayores conflictos.
 
EL APARCAMIENTO
 
El hecho de llevar varios minutos dando vueltas para encontrar sitio puede ser desesperante y provocar una subida de tensión a cualquiera. Pero también al encontrar un hueco y realizar la maniobra de aparcamiento podemos tener sensación de estrés, sobre todo cuando hay vehículos esperando a que terminemos la maniobra para pasar. Aquí, aunque seamos unos expertos en aparcar, seguro que se nos tuerce algo, calculamos mal y tardamos el doble. Es la Ley de Murphy.
 
EL RUIDO
 
Los ambientes bulliciosos o el ruido persistente y agudo nos pueden volver literalmente locos. Todos sabemos que no es lo mismo aguantar un atasco escuchando música o la radio, que escuchando el claxon de los vehículos de alrededor. Simplemente atronador.
 
LOS ADELANTAMIENTOS
 
Sobre todo en las carreteras secundarias donde sabemos que un mal adelantamiento o la escasa visibilidad puede jugarnos una mala pasada. En el caso de autopistas y autovías con dos o más carriles nos afecta el hecho de realizar un adelantamiento cuando tenemos al típico vehículo detrás cuyo conductor no respeta la distancia de seguridad y nos agobia con su innecesaria prisa. También en estás vías nos estresa no poder adelantar a un vehículo o camión porque hay demasiados coches haciéndolo y no encontramos nuestro hueco para hacerlo. Esta situación a veces provoca que nos lancemos a lo loco entre dos coches sin respetar el paso.
 
LA PRISA
 
En este caso nos podremos en la piel del conductor que tiene más prisa de la que puede tener realmente, apremia al resto pidiendo paso constantemente, los demás coches cada vez le molestan más y esto hace que su velocidad aumente en la misma proporción. La frustración de no conseguir lo que se propone hace que aumente su ritmo cardiaco de forma preocupante.
 
INCORPORACIONES Y ROTONDAS
 
Las incorporaciones después de un stop o en las rotondas nos provocan también cierto estrés, ya que si no hay demasiada visibilidad o si el tráfico es muy continuo, es posible que aparezcan los nervios al pensar si vamos a acertar o no con el momento justo para incorporarnos. Tanto el hecho de precipitarnos como el de no atrevernos a salir puede hacer que los otros vehículos de la vía nos increpen y crezca nuestro nerviosismo.
 
LAS VALLAS QUITAMIEDOS
 
Resulta curioso que un elemento de seguridad vial llamado ‘vallas quitamiedos’ genere en ocasiones más pavor que sensación de seguridad. Situadas junto a precipicios o puentes nos transmiten cierta confianza, pero cuando circulamos por autopistas o autovías y pasamos junto a otros vehículos nos provocan desasosiego, sobre todo si estos son camiones. Quizá nos parezca demasiado estrecho el espacio que queda, de hecho la velocidad aumenta el llamado efecto túnel, pero es fácil observar cómo algunos conductores circulan separándose de ellas e internándose demasiado en el carril de al lado con el consiguiente peligro.
 
estrés al volante
 
LOS RADARES Y LAS MULTAS
 
Nadie quiere pagar multas, eso está claro, por lo que cuando llegamos a la altura de un radar, de un coche de policía o de la guardia civil nos agobiamos y reducimos la velocidad incluso muy por debajo del límite de la vía. Al final, por querer ser más papistas que el papa y que nadie nos diga que no respetamos las señales, damos enormes frenazos que no son nada buenos para los que vienen detrás.
 
LOS CAMBIOS DE RUTINA
 
Las variaciones en nuestra ruta diaria, ya sea por obras u otros cambios de desvío temporales, son algo que modifica en parte nuestro comportamiento y que se genera por el temor a perdernos o a llegar tarde. ¿Qué pasará?, ¿por qué ha pasado esto?, ¿qué debo hacer ahora?…
 
DISCUTIR CON LOS PASAJEROS
 
O regañar a los niños es una de las causas que mayor estrés producen y por consiguiente mayor peligro, ya que cualquier distracción y pérdida de los nervios al volante es causa segura de accidente, más aún si la discusión es fuerte y nos saca de nuestras casillas.
 
INSECTOS DENTRO DEL COCHE
 
¿Qué tendrán esos seres tan minúsculos para asustarnos tanto? Bueno, algunos pican como las abejas o las avispas, pero otros simplemente molestan, como las moscas o las hormigas, hacen que estemos pendientes de ellos y crezca nuestra ansiedad cuando los vemos pasearse por el salpicadero del coche.
 
QUE SE ACABE EL COMBUSTIBLE
 
El hecho de que la aguja llegue a la reserva hace que nos entre el agobio por si nos dará tiempo a llegar a la próxima estación de servicio o si nos quedaremos varados en una cuneta casi de por vida. O al menos esto parece que pasa por nuestra mente, porque, a no ser que estemos en una zona rural con pocos servicios, las gasolineras abundan en toda la geografía y además cualquier coche lleva un depósito de reserva que le permite cubrir fácilmente 20 o 30 km de distancia como mínimo.
 
EFECTOS AMBIENTALES
 
Llevar todo el camino el sol de frente, el exceso de calor o de frío, la lluvia intensa y duradera o tener que conducir con nieve (y no digamos tener que poner cadenas) son algunos de los factores ambientales que nos ponen nerviosos al volante y es que de nuevo los cambios de rutina, incluso climática, nos cuestan más de lo que pensamos. Seguramente la lluvia no afecta tanto a conductores de zonas lluviosas, porque ya están acostumbrados.
 
LA FALTA DE COMUNICACIÓN
 
Efectivamente, la absoluta dependencia que la sociedad digital ha creado en torno a los nuevos dispositivos y a la conexión constante pasa también factura en la conducción. En este caso es sobre todo en torno al móvil, ya que puede aumentar el estrés en un conductor demasiado dependiente de este dispositivo si no lo puede usar por estar al volante. Normalmente esto se traduce en un uso indebido del móvil con el riesgo de accidente que conlleva.
 
Otro dispositivo que nos causa estrés es el GPS. Llegamos a fiarnos tanto de él y no de nuestro instinto para guiarnos, que cuando no funciona o señala mal el camino nos provoca una angustia vital extrema.
ASPECTOS AJENOS A LA CONDUCCIÓN
 
También nos afectan a la hora de conducir nuestros problemas diarios: enfermedades, problemas familiares, separaciones, preocupaciones económicas… Un montón de casusas que es muy complicado dejarse fuera del coche, pero que quizás deberíamos intentar obviar durante nuestros trayectos.
 
Y, ¿QUÉ HACER PARA HUIR DEL ESTRÉS?
 
La solución universal no existe pero puede que alguno de estos consejos eche una mano.
 
Mantener una postura correcta en la conducción. Estar incómodo también es causa de agobio.
Cantar a todo trapo ayuda mucho a disipar los nervios y alejar el mal rollo. A otras personas les calma mejor la música relajante, así que a cada uno lo suyo.
Autocontrol. Prepara tu mente para los viajes largos o para el atasco diario. Descansa lo necesario y réstale importancia a lo que normalmente te preocupa.
Parar si es necesario. Si las cosas se tuercen mucho, no hay que pensarlo más, parar es la opción.
Respirar hasta 3 veces profundamente. También sirve aquello de contar hasta 10. Nos salvará de más de un episodio de estrés y mantendremos la calma.
La autoconfianza es muy importante. Podemos hacerlo y además nos sale bien.
Evitemos elementos externos que afecten en nuestro comportamiento como alcohol, tabaco, drogas o fármacos. Abusar del café y el té suele tener el mismo efecto.
Busca relajarte conduciendo, es una práctica que en definitiva a todos nos gusta.
Reconocer tus miedos y comentarlos con amigos y conocidos. La terapia de grupo funciona muy bien y al final todos tenemos algo que confesar.
 
 
Fuente: Motor.elpais.com
 
 

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